- ¿En qué trabaja tu papá?
- Es chofer de micro, respondía con orgullo. Pero llegado a ese punto mi interlocutor arrojaba una mirada extraña. Con los años comprendí que se trataba de un cierto desprecio. Nunca lo entendí muy bien, porque siempre he estado orgulloso de mi padre: cuando sea grande, aún quiero ser como él.
Por lo demás, crecí entre los fierros retorcidos y ruidosos de alguna máquina de la locomoción colectiva, como la 50, una Mercedes Benz pequeñita y verde que iba y venía entre Ñuñoa y Santiago Centro hasta su definitivo exilio en regiones, a fines de los ‘70.
En esa “liebre” desvencijada pasé grandes alegrías infancia sentado allí, al costado de mi padre, afiebrado por el verano santiaguino y el mareo contable de mi labor como cobrador de pasajes y cortador de boletos.
Continuar leyendo ‘¡No, sin aceite no!’


Últimos comentarios
RSS