Ya pasan de las 5 de la tarde. Es una tarde algo nublada y calurosa en Ciudad de Panamá. Aún estoy clavado en la habitación 312 del Cristal Suites, un apart hotel casi invisible a la mitad de la calle D, sobre la avenida Del Cangrejo, en la zona bancaria.
Hace algo más de una hora pase por “Manolo”, un restaurante donde se reúne a todas horas la amplia fauna turística dispersa por los hoteles del sector. Es un local amplio, con una carta respetable, sabrosa y de precios sobrios. Ahí celebré en soledad el término de estos cinco días de trabajo en Panamá, pero lo cierto es que la lucecita de mensajes del teléfono de mi habitación mató esa ilusión: necesitaban que estuviera alerta para una última reunión de trabajo antes de las seis. Por lo que veo no se realizará, pero me han dejado aquí de punto fijo.


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