Buenos Aires huele a tinta y papel, uno de mis aromas preferidos. He visitado esa ciudad un par de veces y siempre termino pegado a estanterías abarrotadas de textos en sus pequeñas y grandes librerías. También mascullo secretamente mi envidia mientras paso por el costado de sus kioscos, en los que toman el sol variadas publicaciones, además de libros, discos y revistas.
Los kioscos y emporios librescos de Santiago palidecen y encabronan cuando se hace la comparación, no sólo por una cuestión de variedad, sino porque los precios hacen recordar con poca amabilidad a la madre y las bisabuelas de los comerciantes. Diga usted si no es para espantarse:
Hace un año que estaba tratando de terminar la gran novela de Neal Stephenson, Criptonomicón. No es que lea tan lento, sino que compré en persona el primero de sus tres tomos; recibí como amable regalo el segundo y, finalmente, perdí varios meses buscando el tercero. Cuando lo encontré, en una modesta versión de bolsillo tasada en su tapa en 5 euros (algo así como 3.600 pesos chilenos), me resistí a pagar los 11 mil pesos que cobraba la librería. Me convertí en un verdadero objetor de conciencia del consumo literario, a pesar de las ansias por terminar el relato. Continuar leyendo ‘No me cuadran los números’


Últimos comentarios
RSS