- Que sí hombre, que los ateos también nos movemos en un marco ético, sólo que no está mediado por el temor o los dictámenes de alguna iglesia, le dije ya algo mosqueado por el tono acusatorio de su pregunta.
¿En qué momento pasamos del clima a este debate teológico? No lo sé. Yo tan sólo rellenaba un incómodo silencio mientras fumábamos en la puerta de la oficina cuando, sin decir agua va, partió esta oleada de tomas de posición sobre las creencias trascendentes de cada quién.
- ¿Y tú en qué crees?
- Soy ateo, respondo, no sin temer el vendaval encubierto que vendría luego de esa mirada misericorde. A esa altura, ya calculaba que habría sido una opción -con menos costes- haber largado la respuesta tipo: ¿Yo? agnóstico.
Continuar leyendo ‘Yo no tengo a nadie que me perdone’


Últimos comentarios
RSS