El orden de los factores no altera el producto
La baja tasa de interés en Estados Unidos hace que los bancos busquen inversiones arriesgadas. Prestan plata sin muchos miramientos a los norteamericanos de “alto riesgo” que aspiran a poseer una casa y que, muy probablemente, en algún momento tendrán problemas pagar.
Dicho y hecho, sube la tasa de interés, muchos no pueden pagar sus hipotecas y los bancos, que hace rato no contaban con capital suficiente para solventar esos créditos e inventaron novedosos financieros comercializados en los mercados internacionales para hacerse de esos fondos, ven como los inversores quieren deshacerse de esos “instrumentos”. Cuento corto, yanquis medios sin casa y bancos con “instrumentos” que nadie quiere, todo esto bien revuelto, es igual a la crisis subprime.
Lo que sigue, entre otros efectos, es la contracción del mercado de la construcción en el país de la libertad y la pujanza. Eso equivale, por ejemplo, a menos pedidos de palitos para hacer casas, con el consecuente cierre de aserraderos en el tercer mundo. Obviamente, los pobres de los países pobres, contratados en esos aserraderos, se quedan sin pan ni pedazo.
Pero la máquina sigue girando y los “instrumentos” de hace un rato aún no los quiere nadie, así que los bancos terminan por asumir gigantescas pérdidas y, obviamente, nadie quiere tener su dinero en bóvedas que se desploman.
De esa forma, los pujantes de ayer se caen a pedacitos y llegamos a la crisis financiera que hoy tiene al mundo bailando tap, porque las medidas de salvataje de la Reserva Federal y los ruegos de Bush no han sido capaces de calmar a los atribulados inversores. Ah! Esos altos funcionarios de los bancos que produjeron los “instrumentos” ahora pestilentes para los inversores son majaderamente llamados irresponsables y codiciosos (¡hasta ahora se dan cuenta!). Pero calma, aparte de ser insultados no han salido tan mal (los que toman las decisiones, por supuesto): aunque se pudra el negocio los grandes ejecutivos tienen negociadas sus compensaciones monetarias para el despido… Igualito que los empleados del aserradero.
Pues bien, todo el pastel amenaza con saltar en la carita de la “economía real”, porque nadie quiere prestar dinero y se cierran las posibilidades de crédito para las empresas. Sin fondos, la casa central de su multinacional preferida recorta el personal sudaca o africano y ya. Advine otra vez quien paga los platos rotos.
La ecuación una y otra vez llega al mismo resultado: que se jodan los pobres de entre los pobres.
Y pensar que eso también pasa con las guerras del petróleo, las externalidades negativas de la producción o los golpes de Estado en los países donde se amenaza la institucionalidad económica, solo por pensar en voz alta.
Me pregunto si, como dicen algunos, una institucionalidad internacional sólida y normas claras del sistema financiero podrían evitar este tipo de sucesos. ¿O se tratará de simples analgésicos para calmar el dolor de los efectos colaterales hasta que sea necesario pasar el antebrazo por el tablero?
Vaya a saber uno. Lo que me parece claro es que la fórmula camina como reloj e, invariablemente, el orden de los factores no altera el producto: el resultado de las cíclicas crisis de capitalismo (¿quién fue que el habló de eso?) terminan por llegar al mismo resultado.
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La duda que tengo yo es que si estas “crisis” realmente son “fallas” en el sistema financiero, o son simples ajustes que los poderosos tienen previstos dentro de la lógica del mercado y del sistema… en este último caso, la maquinita funcionaría como reloj, dentro de la lógica macabra del capital… como diría La Polla Records… “todo va como tiene que ir”…