Huérfanos y Estado
Media tarde, Huérfanos y Estado, un mar de pasos asolan los grises cauces peatonales. Ambulantes vendedores huyen de la infantería policial con las estanterías colgadas a la espalda alejándose de Ahumada. Hordas oficinistas apuran camino para estallar de tedio en escritorios opacos. El tráfico aún aúlla sus disparates una cuadra al Este, desde calle San Antonio. Hay bancos, disquerías, un cine medio muerto, varios kioscos famélicos de ideas y centenares de pasos y empellones que se suceden en interminables.
Filete argentino cuelga en las portadas de los matutinos ya pasados de hora. Transeúntes nerviosos babean, quizás imaginando esos cortes de licenciosa farándula en un imposible asado de catre.
Pero Santiago tiene sus requiebros. Media cuadra al poniente, docena y media de concertistas tienden las celestes redes de un blues que huele a big band desorientada entre pasajes y pórticos comerciales. Los vientos plateados que hace un instante terminaban un allegro, ahora estremecen el pecho de nostalgia y vibración.
También hay carteles. Un terminante “señores políticos: no olviden a los músicos en el mes de la patria”, atestigua la cruel realidad de no lo soluciones hoy si puedes dejarlo para la siguiente elección.
Pero hay blues en el aire y, por un momento, los pasos se estiran graciosos en el aire y se hacen más cadenciosas las faldas. Por un momento se ahogan las detestables melodías con que figurines ediles taparon alguna incómoda realidad en el cuerpo C del Mercurio.
Esa triste melodía va atrayendo a la masa informe que sonríe ante las notas exactas y delicadas, ante los concertistas libres y desempleados.
Se me viene a la cabeza el cliché ochenteno: “soñé que nuestros niños cantaban en las micros por amor al arte”… No es raro en un país donde las lecturas radicales son rápidamente elevadas al rango de armas subversivas; no es extraño en el país del desalojo de escolares por la fuerza; no es extraño en el país de las subterráneas casas de bruja.
Entre estos días, varias melodías me traen recuerdos oscuros. Sólo otra vuelta de tuerca.
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Yo almuerzo, cuando no almuerzo contigo, en unas bancas que hay cerca de donde se ponen los músicos. Un verdadero lujo.
Actualicé mi blog, te paso a avisar ya que eres mi lector Nº1.
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