Desde que comencé a usar pcs para tareas gráficas comencé a aprender algo de Photoshop. Cuando me mudé hacia el software libre comenzó a ser una espina en la pata que no lograba moverme con comodidad en Gimp. Por eso espero mirar más seguido Gimp-es a ver si logro dejar las malas costumbres
Monthly Archive for Abril, 2006
O sea, en el aeropuerto de Colombo, capital de lo que algunos llaman la lágrima de la India, el país de cingaleses y tamiles.
Recuerdo que habían hileras de tiendas en el dutty free, penetrante olor a sudor y una pequeña pecera en que se permitía fumar a los viciosos que -como yo mismo- lograban soportar con mucho esfuerzo la sofocante cortina de humo que oscurecía el lugar.
Había muchos de discos compactos de música diversa y ollas de metales descoloridos y pesados; había té en montañas y aparatos electrónicos de marcas desconocidas. También habían baños que, como la sala de fumadores, hacían temblar la nariz de los pasajeros que se aventuraban a traspasar la puertas grises que se abrían en medio de las tiendas. Continuar leyendo ‘Una vez estuve en Sri Lanka’
Estaba sacando cuentas y hace cerca de dos meses que no posteo nada aquí. Se debe simplemente a que la vida laboral se puso compleja.
Primero me iba a quedar sin pega, después no, luego sí y al final no… como diría el Jko. Lo que en principio fue un respiro, porque se puede seguir parando la olla, también implicó un desgaste inmenso, porque había que acostumbrarse –otra vez- a hacer la misma pega que antes de forma distinta.
Pero vamos saliendo de ese trance iniciatico en mi “nueva vieja pega” y ya se respira algo, así que quedan algunos minutos para golpetear el teclado.
En estos pocos más de dos meses han pasado varias cosas sobre las que he querido escribir. Como soy un ulpo de amargura :p se trata de cuestiones sociales que me molestan. Y con este post espero comenzar el proceso de puesta al día:
La jubilación de la vieja chica
Hace unas semanas los genios de Provida, la AFP que el Banco de Vizcaya mantiene en Chile, se les ocurrió proponer el aumento de la edad de jubilación de las mujeres a 65 años. Esta maravillosa propuesta fue realizada en el contexto del “debate” sobre la reforma al sistema de pensiones.
Lo primero que se me vino a la cabeza después de leer la noticia fue la cara de mi vieja chica. Mi bajita y hermosa progenitora, dueña de los ojos más pardos y serenos que he visto, además de un genio que haría palidecer al Catrina.
Se me vino su imagen a la memoria porque sé que ella cuenta los días para llegar a los 60 y jubilar por fin, después de una vida laboral iniciada en la infancia y de la que saldrá, como todos los trabajadores que nunca pasaron más allá del estrato C2, con un miserable reflejo de su ya miserable sueldo mensual.
La medida que proponen los ingeniosos de la filial hispana buscaría mejorar las pensiones de las chicas que hoy tienen mayor esperanza de vida y que tendrán que sortear la vejez con pensiones que el sistema previsional ideado por la dictadura ha reducido a márgenes realmente inhumanos.
Tras la reminiscencia de mi madre, a propósito de esa noticia, un rayo de cólera me atravesó el pecho. Trataré de ser fiel a los pensamientos que me sacudieron en ese momento, más por graficar mi indignación que por rebatir las razones de estos filósofos del comercio:
Qué se creen estos hijos de puta. Primero convirtieron la previsión en la forma más sencilla de capitalizar sus negocios con rentabilidades astronómicas y ahora quieren aumentar el “capital de riesgo” a costillas de las trabajadoras.
Qué se creen estos mal nacidos. Apuesto que ninguno de estos ingeniosos tiene madre trabajadora o, por lo menos, madre que tendrá que pelarse el ajo hasta los 65 después de una vida de criar energúmenos, lidiar con sueldos de hambre, cargar una infancia de mierda y tener que resistir trabajos constantemente recargados por las exigencias del “mejoramiento de la productividad”.
Qué se han imaginado estos cuicos de mierda que creen que las trabajadoras son sólo números y no vidas de estrujadas por un sistema laboral que paga menos a las mujeres, que les exige doble turno en la casa y el laburo, que no tienen nana, que son sus propias nanas, que tuvieron que zurcirse las ganas de una vida mejor en las polleras y partir a colonizar el mundo laboral hecho a la medida de los machos.
Cómo son tan caradura para hacer pagar con cinco años más un aumento de pensiones cuya principal fuente debería ser el recorte de los costos de gestión con que las propias administradoras desangran los ahorros miserables del trabajador de medio pelo.
Pues bien. Improperios aparte, creo que estos fueron algunos de mis pensamientos sobre el tema y confieso que se repiten en diversos aspectos de la distribución social del trabajo y los recursos que genera.
Finalmente, me pregunto si aún no me puedo sacar el cáncer generado por sentimientos asistémicos que me rondan desde la temprana juventud y creo que costará encontrar cura para esto.
El gran problema es que, a pesar de la quimioterapia de la postmodernidad, a mi no se me disuelven los nódulos enfermos como la constatación de que la lucha de clases, más que un invento de barbudos desadaptados, es una realidad soterrada a estas alturas de la historia bajo el mar del consumo, el sálvate sólo, el corre que te pillo y otras delicadezas que afirman las costuras de la paz social.
Un salud por mi vieja chica, su esperanza de de dejar el trabajo con dignidad y mis maldiciones para el ingenio social de mercado.
Leo en Microsiervos una frase sobre el concepto de inteligencia colectiva que da para pensar:
La clave sobre los grandes problemas del mundo es que debemos tratar sobre ellos de forma colectiva. Y como no nos volvamos colectivamente más inteligentes, estamos condenados.
Lo lamentable es que -me da la impresión- poca gente está dispuesta a poner un grano de arena en esa tarea común.


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