Las muñecas de La Araña

GuantesPensé que algún post saldría del viaje que hice ya hace dos semanas a Panamá. Mi ilusión de algunos minutos de calma para escribir quedaron sólo en expectativas luego de tres días de reuniones y conversaciones interminables.

Pero en Panamá siempre pasan cosas sorprendentes, por más ocupada que se venga la vida.

Esta vez fue a partir de un interminable viaje en taxi. Esa mañana abordé el magullado vehículo con algunos compañeros de “misión”. Una mañana calurosa, mucho tráfico y un conductor de piel oscura que se las arreglaba con dificultad para pasar los cambios del sedán americano de cuya marca no quiero acordarme.

Durante las primeras cuadras todo iba en calma. De fondo sonaba una emisora local que dio el pie forzado que desató las iras del conductor. Sólo alcancé a oír un nombre, hasta entonces totalmente desconocido para mi: Roberto “La Araña” Vázquez.

Como si se tratara de algún conjuro, el chofer encendió sus ojos y comenzó una de las peroratas más encendidas que he escuchado contra la policía y en defensa de los campeones mundiales.

“Cómo puede ser –repetía el conductor- que estos policías malnacidos las emprendan contra un campeón mundial. Ya no hay respeto por nada. Cualquiera hace lo que quiere y las toman contra un hombre que es sano. Porque este no es como (rellénese esta parte con un interminable listado de boxeadores panameños), que eran fiesteros y borrachos, que se pasaban el día tomando con otros pelados tirados a gángster…”

La diatriba se alargaba y tomaba ribetes espeluznantes. Tuve que escuchar hasta la defensa corporativa de los gobiernos militares panameños que “jamás permitirían ese trato para un campeón mundial” . Bueno, todo esto adobado con un acento rítmico, imparable y entremezclado con modismos que no alcanzaba a dimensionar.

Cuando terminó el trayecto, mi intriga por la historia de “La Araña” era desesperada.
Robándole unos minutos a la primera reunión del día, vine a saber que el día anterior, martes 24 de enero, la Policía Nacional de Panmá detuvo al campeón Mundial de boxeo, Roberto “La Araña” Vázquez, pues –según la versión oficial- se negó a detener el auto en un control de rutina. Según el informe, sólo después de varias solicitudes lograron que parara, para luego iniciar una ráfaga de insultos y hasta manotazos con Los Linces, escuadrón de la policía panameña.

Pero el episodio era confuso y obviamente el taxista se inclinaba por la versión de los moradores cercanos que dijeron que fue un abuso de autoridad y aseguraron que “sufrió maltrato físico en sus muñecas”. Eso es lo que más dolía a mi oscuro conductor: “no pueden hacer eso cuando va a defender el título en par de semanas”.

Creí que el episodio quedaba ahí y, reporteado el lío, a otra cosa mariposa. Pero no.

Cual sería mi sorpresa cuando, al día siguiente, veo en los titulares de televisión el estruendoso acto de desagravio en que el jefe de la policía, junto al presidente panameño, agradecían infinitamente al púgil su compresiva actitud y disposición para dar por superado el incidente. Pero no sólo eso: el campeón además era nombrado por las unidades de los Linces de la Policía Nacional, como “colaborador deportivo” y embajador de tan notable institución en las actividades comunitarias contra el delito.

Lamentablemente no encontré de nuevo al taxista, para saber si el desagravio era lo suficiente como para calmar su ira contra la aporreada institucionalidad panameña… Después de todo, quién puede meterse con un campeón mundial y salir ileso.

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