Monthly Archive for Febrero, 2006

Opciones ante la inminente cesantía (en incremental evolución)

Establecer emporio de corbatas.
Retomar la lucha armada (como parte de algún comité central).
Trazar círculos concéntricos en postulante a empaque de pescadería.
Cazar conductores de automóviles lujosos para expandir exiguas redes sociales.
Aprender nipón, mandarín y eslavo.
Dejar de cazar moscas.
Suplantar gerentes de empresas públicas a fines de mes y previo licitaciones.
Hablar bien de la UDI.
Releer a Borges.
Mejorar aptitudes de equilibrista.
Tasar riñones y corneas.
Hacer gárgaras de american dream.
Comprar respuestas para pruebas psicológicas.
Olvidar conceptos altruistas
Entregarse en adopción a algún Amunátegui, Edwards o Errázuriz.
Asesinar a sangre fría 447.680 competidores (trimestre móvil noviembre 2005 - enero 2006).
Otear cifras oficiales para la planificación de nuevos ajusticiamientos.
Asistir a funerales corporativos.

Nota: se aceptan nuevas sugerencias.

Recopilación de música libre

Hoy me encontré con la nueva recopilación de música Creative Commons de Radio 87 mhz, emisora dedicada a la difusión de material libre.

Se puede bajar de Archive.org Luego lo grabas, imprimes y regalas. Trae datos de los artistas y los links a sus páginas.

Y si te quedó gustando, puedes bajar el recopilatorio que hicieron en enero que también viene con temas en mp3, portada y notas.

La tierra prometida

Día lunes, con depresión post vacaciones MODE ON.

Sip, echo de menos los gritos de los niños, la conversación cotidiana de mi negra y la expectativa constante de partir a cualquier hora a esas playas de arena negra que se extienden hasta donde el paisaje cabe en la mirada.

Es que llegamos ayer de Curanipe y ya me quiero devolver. El viaje de casi 6 horas hasta allá siempre es algo parecido a lo que sienten los niños a acercar el oído al pecho de su madre.

Conocí esa zona al interior de Cauquenes hace más de dos décadas. Tenía cerca de doce años cuando a mi delirante padre se le ocurrió seguir el consejo de nuestros vecinos y emprender el viaje hasta Curanipe en una viejísima y destartalada camioneta amarilla que no logró resistir la travesía.

Después de regañar largamente a los ideólogos del frustrado viaje, mi madre y nuestra vecina decidieron seguir el viaje en bus, con mi hermano de algo más de una año y el vecinito de seis o siete.

Lo que siguió no fue mucho menos incómodo. Bus hasta Cauquenes y luego una micro -en condiciones parecidas a la fallecida camioneta- que luego de caminos polvorientos y calurosos nos llevaron a destino.

Fueron las largas vacaciones de los 12 años en que conocí ese poblado maravilloso, de una sola calle, bordeado por bosques y el mar amplio, a ratos desierto de las marejadas humanas que conocí en el litoral central.

Pero no sólo la geografía era alucinante, sino la gente. Mis vecinos de Santiago y compañeros de viaje tenían familia allá en el sur. Así conocí al Raúl y su esposa Rosita, él pescador (buzo en ese tiempo), ella contadora. Así conocimos a sus padres, tíos y vecinos, y así, año tras año, nos fuimos encariñando con Curanipe.

Allá pasé hermosos veranos de sol y viento. Allí conocí a Sastre, Luxemburgo, Borges y Rojas. Ahí asolé las playas solitarias con mi guitarra y caminé kilómetros de arena. Allí le robé una y otra vez los largos cigarrillos Windsor a mi madre y descubrí la roca desde donde se observaba el pablado con un solo golpe de vista. En esa saliente observé puestas de sol y pasé largas horas escribiendo papeles ya perdidos. Allí pasé más horas que cualquier otro mortal entre las olas y en los video juegos pero, por sobre todo, pase más horas con mis viejos tan raptados por trabajos de más de ocho horas.

Por todo eso fue lógico incitar a mi compañera a conocer esos parajes de infancia y, -como no- ella también quedó prendada. Así que año tras año hacemos nuestra incursión hasta esos lares para volver a sus playas negras y a esas noches dulces y cansadas.

Es extraño el apego a los lugares y puede, con justa razón, que alguien considere esos parajes algo pueriles en comparación con otros más amables a su juicio, pero como soy un animal de cariños y odios profundos para mi se trata de la tierra prometida , a pesar de los pasares.

El principe y el Copyleft

(…) las ideas de Kropotkin pueden trasladarse fácilmente a la relación entre software libre y cultura.

Interesante mirada. Se puede leer el artículo completo aquí.

Acostumbrados al jurel tipo salmón

Según informa hoy La Tercera, cerca de 75 mil personas compraron computadores a trarvés de la campaña “Mi Primer PC”, en la que participaron empresas como Microsoft e Intel, además de grandes casas comerciales, todo esto con el apoyo de los organismos de gobierno que trabajan en el ámbito de telecomunicaciones y tecnología.

Según la nota, las ventas desde agosto del año pasado bordearon los 40 millones de dólares, con 75 mil unidades que, según sus propios cálculos, serán utilizadas por 300 mil personas.

En su momento, este programa y el apoyo gubernamental que obtuvo, despertaron a la comunidad del software libre que aclaró rápidamente que por igual o menor presupuesto se podría tener ordenadores más potentes y dotados con software menos limitado. De hecho, Mi Primer PC incorpora Windows XP Starter Edition, que sólo permite abrir tres programas o ventanas al mismo tiempo, no se puede ampliar y no puede conectarse a otro PC en red.

Los compradores no pasaron por alto este detalle y, según informan los propios organizadores, el 79% prefirió configuraciones más completas y por tanto más caras de los tres modelos que ofrecía Mi Primer PC.

Esto pone en duda que se cumpliera la meta de bajos costos para un mayor acceso a la población de menores ingresos. Además, no parece descabellado pensar que lo planteado por la nota, en cuanto a que Mi Primer PC representó cerca de un 30% del total de las unidades que se vendieron en el mercado nacional, haya terminado por hacer del proyecto sólo una apuesta de marketing para abultar las ventas que de otra forma hubieran formado parte de las liquidaciones de temporada.

En todo caso, esta iniciativa tuvo efectos que seguramente sus organizadores, tan filantrópicamente inspirados, no deben haber previsto. Luego del anuncio del proyecto en La Moneda, se inició la campaña Mi Primer PC… pero de Verdad! que reunió 14.436 firmas que acompañaron a una carta dirigida al Presidente Lagos para plantear las críticas y proponer mejores alternativas. Es cierto, no paso mucho de parte de la autoridad y tampoco se llegó a la meta de 25 mil firmas, pero la comunidad despertó y dio uno de sus primeros rugidos en masa.

Además, nació el proyecto Nuestro PC, que ofrece una alternativa bastante más poderosa, por un precio similar y por si fuera poco, cargadito de software libre, soporte y apoyo de la pigüinesca comunidad.

Al momento de las conclusiones, parece justo cuestionarse el valor real de Mi Primer PC como alternativa para democratizar la tecnología. El subsecretario de Economía, Carlos Álvarez, calificó de “razonable” la focalización obtenida por el programa y declaró que “tampoco estamos hablando, y eso que lo tengamos claro, de que han accedido a los computadores los segmentos de más bajos ingresos. Acá lo que queríamos era ir avanzado en que los segmentos de ingresos medios fueran adquiriendo nuevos computadores y eso se ha logrado por esta vía”.

Pero, qué valor tiene llegar a los segmentos medios que ya cuentan con tarjetas de casas comerciales y podían acceder a este mismo tipo de ordenadores a precios similares antes de Mi Primer PC. Al parecer no mucho. La oferta hace recordar la antigua etiqueta del Jurel tipo Salmón que ofrece un símil de algo que es de verdad, pero que no llega a tanto; que ofrece un punto de partida, pero limitado, mezquino.

Y aún más, los organizadores dicen que mantendrán este tipo de proyectos, sin embargo, a renglón seguido el gerente comercial de Intel para el Cono Sur, Esteban Corio, plantea que iniciativas como la patrocinada por Nicholas Negroponte y su laptop de 100 dólares, “son inviables tal como funciona hoy en día el mercado”.

¿Qué quiere decir esto? ¿Está planteando que la estrategia de negocio del sector y la economía de mercado jamás permitirán la masificación de soluciones inteligentes como la de Negroponte en países pobres como el nuestro?

Por eso deja mal sabor que Hernán Orellana, gerente general de Microsoft Chile, diga así tan suelto de cuerpo que “hemos pensado, debido al éxito ha tenido, en expandir este programa hacia otros segmentos de la población que también están requeridos de incorporar tecnologías de información”, porque parece obvio que gracias a esta estrategia de mercadeo, que tiene todos los recursos para llegar al desinformado consumidor, seguirán ofreciendo una solución que a todas luces puede ser mejorada y entregar mayores herramientas a los usuarios a un menor costo.

Hay mucho que migrar, no sólo en nuestros PCs de sobre escriorio, para llegar al día en que las personas puedan elegir informadamente si siguen comiendo Jurel tipo Salmón o dan unos pasos más hasta el río donde es fácil pescar un esguín escurridizo… pero de verdad.

Las muñecas de La Araña

GuantesPensé que algún post saldría del viaje que hice ya hace dos semanas a Panamá. Mi ilusión de algunos minutos de calma para escribir quedaron sólo en expectativas luego de tres días de reuniones y conversaciones interminables.

Pero en Panamá siempre pasan cosas sorprendentes, por más ocupada que se venga la vida.

Esta vez fue a partir de un interminable viaje en taxi. Esa mañana abordé el magullado vehículo con algunos compañeros de “misión”. Una mañana calurosa, mucho tráfico y un conductor de piel oscura que se las arreglaba con dificultad para pasar los cambios del sedán americano de cuya marca no quiero acordarme.

Durante las primeras cuadras todo iba en calma. De fondo sonaba una emisora local que dio el pie forzado que desató las iras del conductor. Sólo alcancé a oír un nombre, hasta entonces totalmente desconocido para mi: Roberto “La Araña” Vázquez.

Como si se tratara de algún conjuro, el chofer encendió sus ojos y comenzó una de las peroratas más encendidas que he escuchado contra la policía y en defensa de los campeones mundiales.

“Cómo puede ser –repetía el conductor- que estos policías malnacidos las emprendan contra un campeón mundial. Ya no hay respeto por nada. Cualquiera hace lo que quiere y las toman contra un hombre que es sano. Porque este no es como (rellénese esta parte con un interminable listado de boxeadores panameños), que eran fiesteros y borrachos, que se pasaban el día tomando con otros pelados tirados a gángster…”

La diatriba se alargaba y tomaba ribetes espeluznantes. Tuve que escuchar hasta la defensa corporativa de los gobiernos militares panameños que “jamás permitirían ese trato para un campeón mundial” . Bueno, todo esto adobado con un acento rítmico, imparable y entremezclado con modismos que no alcanzaba a dimensionar.

Cuando terminó el trayecto, mi intriga por la historia de “La Araña” era desesperada.
Robándole unos minutos a la primera reunión del día, vine a saber que el día anterior, martes 24 de enero, la Policía Nacional de Panmá detuvo al campeón Mundial de boxeo, Roberto “La Araña” Vázquez, pues –según la versión oficial- se negó a detener el auto en un control de rutina. Según el informe, sólo después de varias solicitudes lograron que parara, para luego iniciar una ráfaga de insultos y hasta manotazos con Los Linces, escuadrón de la policía panameña.

Pero el episodio era confuso y obviamente el taxista se inclinaba por la versión de los moradores cercanos que dijeron que fue un abuso de autoridad y aseguraron que “sufrió maltrato físico en sus muñecas”. Eso es lo que más dolía a mi oscuro conductor: “no pueden hacer eso cuando va a defender el título en par de semanas”.

Creí que el episodio quedaba ahí y, reporteado el lío, a otra cosa mariposa. Pero no.

Cual sería mi sorpresa cuando, al día siguiente, veo en los titulares de televisión el estruendoso acto de desagravio en que el jefe de la policía, junto al presidente panameño, agradecían infinitamente al púgil su compresiva actitud y disposición para dar por superado el incidente. Pero no sólo eso: el campeón además era nombrado por las unidades de los Linces de la Policía Nacional, como “colaborador deportivo” y embajador de tan notable institución en las actividades comunitarias contra el delito.

Lamentablemente no encontré de nuevo al taxista, para saber si el desagravio era lo suficiente como para calmar su ira contra la aporreada institucionalidad panameña… Después de todo, quién puede meterse con un campeón mundial y salir ileso.